Para tener una relación con Dios y un hogar eterno en el Cielo, debemos dejar de confiar en nosotros mismos, en nuestras obras y en nuestras religiones, y poner toda nuestra confianza únicamente en Jesucristo para el perdón de nuestro pecado y la vida eterna. En Romanos 10:13 la Biblia dice: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Esa es una promesa directamente de Dios de que si oras a Él, confiesas que eres pecador, le pides que perdone tus pecados y te vuelves únicamente a Él para que sea tu Salvador; Él promete salvarte y darte el regalo gratuito de la vida eterna. Puedes tomar esa decisión hoy orando desde tu corazón, algo como esto:
Querido Dios, sé que estoy separado de ti por causa del pecado. Confieso que en mi pecado no puedo salvarme a mí mismo. Ahora mismo, me vuelvo únicamente a ti para que seas mi Salvador. Te pido que me salves de la pena de mi pecado, y confío en ti para que me concedas la vida eterna.—Amén